Los cuidados paliativos en la Enfermedad Renal Crónica Avanzada

El estudio de los cuidados paliativos en la Enfermedad Renal Crónica Avanzada (ERCA) no es algo novedoso, pero si que en los últimos años ha tenido un especial repunte al formalizarse la tendencia de igualar el tratamiento conservador al resto de tratamientos sustitutivos de la función renal.

Esta tendencia se materializó con la publicación a finales del año pasado de la Guía “Cuidados Paliativos en Enfermedad Renal Crónica Avanzada.” Tal y como se recoge en su prólogo los dos objetivos fundamentales de la medicina paliativa son aliviar el sufrimiento y mejorar la calidad de vida. Considera el proceso de morir como un hecho natural, promueve la vida y no pretende alargarla innecesariamente ni acortarla específicamente, sino mejorar su calidad desde las fases iniciales de la enfermedad hasta el final, incluyendo también el acompañamiento a la familia en el proceso de duelo.

A lo largo de la interesante lectura de esta guía vemos como numerosos estudios demuestran la necesidad de el establecimiento de cuidados paliativos en aquellos pacientes en los que por su edad o por la existencia de determinadas comorbilidades el tratamiento conservador resulta ser la opción más adecuada, ya que la terapia renal sustitutiva no supone necesariamente una mejora de la calidad de vida. Pero desde la perspectiva de una atención centrada en la persona el hecho de la elección de no entrar en diálisis o trasplante y decantarse por no recibir tratamiento, debe ser considerado como un derecho para los pacientes, siempre que dicha elección se realice bajo unos parámetros de salud psicosocial adecuados. Ante esta libre elección lo que resulta fundamental es una base de educación y formación para el paciente, para que este elija en las mejores condiciones y con el óptimo conocimiento. De hecho el respeto y la promoción de la autonomía del paciente está respaldado por la Ley 41/2002.

La importancia de la aplicación de este tipo de cuidados radica en que el dolor afecta a alrededor del 60% de los pacientes con ERCA tanto en tratamiento sustitutivo como conservador. El abordaje del dolor, así como otras complicaciones médicas, en la práctica clínica debe tener en cuenta las condiciones asociadas al dolor para que el tratamiento pueda tener éxito.

En cualquier caso, los pacientes afectados que han de enfrentar el final de la vida, se encuentran con un proceso de gran complejidad e incertidumbre, que se expresa en un alto nivel de sufrimiento que los profesionales pueden paliar, tanto a nivel físico como emocional. Igualmente hay que comprender que la enfermedad renal afecta del mismo modo al núcleo familiar del paciente, por lo que en un momento tan delicado como los cuidados paliativos el trabajo con la familia debe darse al mismo nivel que con el paciente, especialmente una vez que se produce el fallecimiento y comienzan las diferentes fases del duelo.

En la mencionada guía se indica que los pilares básicos en el tratamiento paliativo de la ERCA son el trabajo en equipo multidisciplinar y la coordinación de los diferentes recursos implicados, como son los equipos de atención primaria, cuidados paliativos y servicios de nefrología.

Desde ALCER Cuenca nos parece que los cuidados paliativos, más allá de cuestiones morales, en ERCA deben ponerse en la cartera de servicios de todos los hospitales, ya que hay que procurar la mejor atención posible y sin duda la apertura de este tipo de cuidados es una gran oportunidad para todos los enfermos renales. Y tú, ¿cuál es tu opinión?

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